Despojos
Teatro, identidad y memoria
Roxana Aramburú
Una mente inquieta que navega por el pasado y lo trae al presente. Una preocupación por la justicia y la igualdad, y una búsqueda implacable sobre el lenguaje. Tal es la dramaturgia de Roxana Aramburú y ninguno de sus textos habrá de dejar indiferente ni al lector, ni al espectador. Con un tono que puede ser cómico o dramático, sus obras siempre rondan la tragedia, ya sea aquellas de las que hacían gala los griegos o las tragedias mínimas, pequeñas, modestas, las nuestras de todos los días.
Sobre el escenario las obras de Roxana Aramburú despliegan la sorpresa. Nada es lo que parece o peor aún, nadie es tan bueno como lo parece. Y sin embargo, lejos están sus personajes de moverse mecánicamente, como marionetas por sus hilos. Muchas veces se tiene la impresión de estar viendo una película frente a sus textos; otro tiempo, otra atmósfera, otro vestuario, pero las mismas emociones.
Tuve el placer de escribir algunas obras con ella y fue un proceso grato y de gran aprendizaje. Aramburú es meticulosa al imaginar y al corregir, no deja nada librado al azar, al desparpajo. Los personajes adquirían, con su mano, una profundidad inesperada.
Mi esperanza, como la de todo lector apasionado, es que estas obras sean leídas con el cuidado que produce el cariño, el mismo con el que tratamos a aquellas reliquias, sentimentales o religiosas, pero que bajo ningún concepto queríamos perder. Que este libro sea el trampolín de la cabeza lúcida y el corazón afectuoso de la autora, al escenario que todos queremos aplaudir.
Patricia Suárez
Las obras de teatro compiladas en este libro navegan por el pasado y lo traen al presente, reafirmando el compromiso con la justicia y con la igualdad.
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Roxana Aramburú
Una mente inquieta que navega por el pasado y lo trae al presente. Una preocupación por la justicia y la igualdad, y una búsqueda implacable sobre el lenguaje. Tal es la dramaturgia de Roxana Aramburú y ninguno de sus textos habrá de dejar indiferente ni al lector, ni al espectador. Con un tono que puede ser cómico o dramático, sus obras siempre rondan la tragedia, ya sea aquellas de las que hacían gala los griegos o las tragedias mínimas, pequeñas, modestas, las nuestras de todos los días.
Sobre el escenario las obras de Roxana Aramburú despliegan la sorpresa. Nada es lo que parece o peor aún, nadie es tan bueno como lo parece. Y sin embargo, lejos están sus personajes de moverse mecánicamente, como marionetas por sus hilos. Muchas veces se tiene la impresión de estar viendo una película frente a sus textos; otro tiempo, otra atmósfera, otro vestuario, pero las mismas emociones.
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